lunes, 23 de enero de 2017




                                                         EL PAÍS


            Durante muchos años El País formó parte de mi mundo informativo y cultural, pero desde hace algún tiempo cada vez me encuentro más incómodo con su lectura hasta el punto de que he dejado de comprarlo, lo que me supuso un cierto desgarro.
            He tratado de buscar los motivos de este desencuentro y los hallo en su línea editorial (que ha cambiado tanto últimamente), en lo que publica (y en lo que no), en la forma de tratar a los personajes públicos… Pero una de las cosas que más me molesta es la cada vez mayor proliferación de publicidad (muchas veces adornada con papel de celofán); un ejemplo de ello  es que más de la mitad del semanario que me obligan a comprar con el periódico es publicidad explicita o encubierta, es decir, les pago los anuncios.
            Pero hace unos días, leyendo un libro de Peter Handke (Justicia para Serbia), me encontré un pasaje que me reconfortó conmigo mismo; a Handke le sucedió lo mismo hace años con Le Monde. Ésta es la cita en la que expone su desacuerdo:

            (…) en Le Monde – uno de los periódicos más queridos para mí en tiempos -, que, bajo una apariencia a la vez seria y distinguida, (…) desde hace algunos años (…) se ha convertido en un periódico de cotilleo ocultamente demagógico (…). El periódico ya no describe sus temas, ni mucho menos aún los evoca – lo que aún sería mejor y más noble -, sino que los atrapa y los convierte en objetos.
                                                       Peter Handke, Justicia para Serbia (1996)


            Esta cita (en la que reconozco similitudes con El País) y el intercambio de opiniones con algunos conocidos me han ayudado a ratificar mi decisión de ruptura con el periódico que formó parte de mi vida.

lunes, 9 de enero de 2017




                   LOS CANCHOS DE RAMIRO

 
                   Imagen relacionada
                        Los Canchos de Ramiro


               Los Canchos de Ramiro es una garganta rocosa en el valle del Alagón, cerca de Coria. Sobre sus peñas sobrevuelan unos buitres a los que Sánchez Ferlosio dedica un precioso romance en su libro Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.
               P.D. Tengo un problema: no sé lo que significa la fecha que figura en el título del romance (1811); por más que traté de averiguarlo no encuentro la solución. Creo que puede aludir a La Guerra de Independencia, ya que parte de su desarrollo tiene lugar en esa zona y por esa época; pero es una mera elucubración. Se admiten rectificaciones.

1811 o Los Canchos de Ramiro 


   Quince buitres imagino,
diez son negros, cinco pardos;
los pellejos del gañote,
rosa rojo amoratado
y el collar blanquiamarillo,
del plumón más delicado.
   Casacas de paño adusto,
gorgueras de gurrilato:
los alguaciles del viento
que expande luctuosos fastos;
alguaciles altaneros,
para honores funerarios:
inmensa corona alada
de los muertos no enterrados.
   Monjes sin regla y sin votos,
sin virtudes ni pecados;
pechos sin gozo y sin pena;
ojos sin risas ni llantos. 
Eremitas de las cumbres,
vigías de los nublados,
dioses de cielos adversos
y de caminos contrarios.
   Los verás al sol poniente,
cuando aún doran los rayos
las más altas cresterías
que coronan los barrancos,
en el cancho inaccesible,
dormitando.
   ¿Cavilan bienes o males?
¿urden provechos o daños?
¿huelen la pólvora muerta
de las guerras del pasado?
¿tejen las hebras del cierzo
con sañas de empecinado?


¿saben la tierra que mezcla
los cráneos de los soldados,
el cenegal que fue tumba
de cañones y caballos?
   Viandante, no les preguntes
Cómo ni dónde ni cuándo,
ni esperes que ellos decidan
quién fue el bueno,quién fue el malo,
que el cabal sepulturero
no hace acepción de finados,
ni quiere oír de inocentes
ni conocer los culpados:
si banderas decidieron
y nombres discriminaron, 
para matados a espada,
indiferencia es descanso.
   Alas abiertas y quietas
sobre los vientos más altos,
rueda de sol y de muerte
al mediodía girando.
   Tampoco leerás en ella
agüeros buenos o malos;
vuelo que escribe redondo
no apunta predestinados,
garra que graba en carroña
cancela sinos marcados.
   Cruda y desnuda memoria
despliega sobre los campos
el silencio de sus alas, 
como un manto.

                      Rafael Sánchez Ferlosio