sábado, 28 de marzo de 2015







                                        SANTA TERESA EN ÉXTASIS

                           

                                
                                   Bernini,  El éxtasis de Santa Teresa (h. 1650)
                                                           
                                                                                    Para Elena Testón

      (…) “Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento.”
                                                                                          Santa Teresa de Jesús.

     PD. A Santa Teresa de Jesús en el día del 500 aniversario de su nacimiento. Bernini esculpe al pie de la letra el texto de la Santa que plasma su relato erótico en la línea del misticismo español del Siglo de Oro. Hágase en ella según su palabra y que los rayos de luz que la iluminan la eleven a tan altas cotas como muestra su cuerpo abandonado ante el dardo de Cupido.

jueves, 19 de marzo de 2015




                                                 
                                                 CARONTE AGUARDA



             
             Patinir, Caronte atravesando la Laguna Estigia (h. 1520)          


            Soy Caronte (un barquero de aspecto normal a pesar de las fachas con las que me pinta Patinir) y me encargo de cruzar los muertos a la otra orilla de la existencia; porque nada se destruye, todo permanece igual, aunque sea bajo forma de recuerdo, un estado distinto de la materia.       
            Acabo de pasar a Dante y Virgilio por recomendación de Delacroix. Tenían los rostros crispados no por esos nubarrones propios del Romanticismo que nos acompañaban en el viaje, sino por el miedo a lo desconocido; porque su duda era qué habría en el más allá a pesar de ser expertos en el tema. Y el más allá no existe; yo hago este camino con el rumbo rutinario de un transbordador urbano (por cierto, ¿quién me cruzará a mí cuando ya no quede nadie?) y el más allá es simplemente el paso del ser al ser de otra manera, y ese paso sólo cuesta un óbolo que todos traen religiosamente bajo la lengua (y no devuelvo cambio).
             Para este último tránsito no necesito grandes barcos  ni jarcias engalanadas y cobro siempre el mismo precio porque ante la muerte todos los hombres son iguales; lo aprendí el día que Jorge Manrique llegó para hacer el último viaje y me recitó su copla:
(…)
así que no hay cosa fuerte
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

domingo, 8 de marzo de 2015




                                                       ¿QUIÉN MIENTE?


             


Statue-Augustus.jpg
                        Augusto Guerrero
                            (S. I a de C.)

     No engañarás a nadie por más que disimules con esa túnica con la que te intentas camuflar como un respetable filósofo próximo al desamparo. Bajo esa inofensiva toga se traman todas las órdenes que afectarán a las vidas de tus súbditos, mientras tú sólo mostrarás magnanimidad en las manos y pureza inmaculada en los pies descalzos; en tu  apariencia de ejemplar honestidad se funden el derecho con la sangre y el latín con los tributos (¡vae victis!). Pero tú nunca aparecerás como el brazo ejecutor de la justicia; el papel de carnicero me lo dejarás a mí, el mensajero con espada, mientras tú te codeas con el servicial Virgilio y condenas al ostracismo la insumisión de Ovidio. Espero que algún día la Historia  retire la túnica  que enmascara tu secreto.
                  
             
                  
             Augusto Gobernante
                    (S. I a de C.)

    El peso de las armas te ofusca la claridad de espíritu. Tú pasarás a la Historia como el gran emperador que cambió la espada por el decreto; pero ese encubrimiento se lo debes a mi trabajo callado de maniobrero en la sombra mientras tú exhibes  el radiante laurel de la victoria. No fui yo quien se quedó con el mando del ejército dejando al Senado inerme a los pies de tus caballos; no fui yo quien  acabó con el Triunvirato obligando a Lépido a la humillación y a Marco Antonio al suicidio.   Llegará un día del futuro en el que los profetas del pasado devolverán a Ovidio al lugar del Panteón que no debió abandonar, y me denunciarán a mí ante la Historia como el insidioso alter ego que ocultaba tu coraza.