domingo, 8 de marzo de 2015




                                                       ¿QUIÉN MIENTE?


             


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                        Augusto Guerrero
                            (S. I a de C.)

     No engañarás a nadie por más que disimules con esa túnica con la que te intentas camuflar como un respetable filósofo próximo al desamparo. Bajo esa inofensiva toga se traman todas las órdenes que afectarán a las vidas de tus súbditos, mientras tú sólo mostrarás magnanimidad en las manos y pureza inmaculada en los pies descalzos; en tu  apariencia de ejemplar honestidad se funden el derecho con la sangre y el latín con los tributos (¡vae victis!). Pero tú nunca aparecerás como el brazo ejecutor de la justicia; el papel de carnicero me lo dejarás a mí, el mensajero con espada, mientras tú te codeas con el servicial Virgilio y condenas al ostracismo la insumisión de Ovidio. Espero que algún día la Historia  retire la túnica  que enmascara tu secreto.
                  
             
                  
             Augusto Gobernante
                    (S. I a de C.)

    El peso de las armas te ofusca la claridad de espíritu. Tú pasarás a la Historia como el gran emperador que cambió la espada por el decreto; pero ese encubrimiento se lo debes a mi trabajo callado de maniobrero en la sombra mientras tú exhibes  el radiante laurel de la victoria. No fui yo quien se quedó con el mando del ejército dejando al Senado inerme a los pies de tus caballos; no fui yo quien  acabó con el Triunvirato obligando a Lépido a la humillación y a Marco Antonio al suicidio.   Llegará un día del futuro en el que los profetas del pasado devolverán a Ovidio al lugar del Panteón que no debió abandonar, y me denunciarán a mí ante la Historia como el insidioso alter ego que ocultaba tu coraza.


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