jueves, 24 de noviembre de 2016

                               LA  ESPERA

                                        
                                       Dalí, Muchacha en la ventana (1925)

            No sabemos qué espera Ana María: que su hermano termine de utilizarla como modelo en la ventana sobre el mar o la llegada de un barco de velas blancas a la bahía de Cadaqués.
            Su atuendo y disposición no nos sugiere que espere algo concreto, sino la contemplación placentera de una franja de tierra que divide por la mitad el mar y el cielo; Dalí tiene 21 años y aún se mueve en las normas del clasicismo que  aplica también a la figura de su hermana; todavía no hay noticia del surrealismo que deformará sus figuras hasta convertirlas en relojes de queso fundido (La persistencia de la memoria).

            El espectador desearía que la mujer se diese la vuelta para ver su rostro y, así, adivinar algo más sobre su espera; pero no es eso lo que Dalí nos quiere mostrar; lo que quiere, con este cuadro dentro de un cuadro, es llevarnos más allá del primer plano de la muchacha y el segundo del paisaje; nos incita a que hagamos fantasía a través de la ventana.

miércoles, 9 de noviembre de 2016


            RETRATO DE DAMA TUERTA

   
                  Nefertiti (hacia 1350 a.c.)
                             


            La microcefalia que exhibo es propia de El Manierismo, al igual que el cuello, heredado de La virgen del cuello largo de Parmigiamino; el perfil de mi barbilla recuerda la elegancia prerrafaelita de Rossetti o de Millais y los pómulos me los modularon como a una actriz de Hollywood a la que preparan para recibir un oscar.
            Quizá bajo esta apariencia moderna subyace un busto egipcio de hace más de 3.000 años al que el equipo de mi descubridor, Ludwig Borchardt, arregló con capas superpuestas de estuco cuando me descubrieron en 1912 para estar más en consonancia con la moda de su tiempo; querían distanciarme de las estatuas de los faraones que conocemos porque yo era Nefertiti, la belleza recién llegada,  la esposa del todopoderoso Akenaton.

             Dicen que aparento 25 años, pero no sé si son los 25 años de una joven de principios del s. XX o del  XIV antes de Cristo (quizá tenga razón Henri Stierlin). Por cierto, el ojo que me falta (para darme más autenticidad) me lo robó algún desaprensivo para subastarlo un día en la galería Sotheby`s.