lunes, 1 de diciembre de 2014




                                
                       UNA GUITARRA VIVA


Pablo Picasso - Viejo guitarrista

                              Picasso,  El guitarrista ciego (1903)


            Soy el único elemento vivo de este cuadro esperando que la mano de nieve que me cubre pueda desempolvar mi espíritu; de hecho estoy ayudando a mantenerse en pie a mi lastimero intérprete que se me cuelga del mástil  igual que un quejido flamenco se eterniza en la garganta. Sus manos parecen tan ciegas como sus ojos, su cuerpo tan místico como los estilizados personajes de El Greco y su rostro tan ondulado como las pinceladas llameantes de la Noche estrellada de Van Gogh.
            Picasso me da color para que contraste con el realismo azulado que maquilla su pose de mendigo mortecino. No hacen falta  más detalles para plasmar un cuerpo transfigurado, vencido no sé si por la ceguera o por la melancolía, abandonado a un futuro sin fecha de caducidad. No hay nada más impreciso que el tiempo indeterminado entre una vida acabada y una muerte inadvertida.

            Le ayudaré a arrancar un lamento que interprete su tristeza y se avenga a su color; un lamento que acompañe la asumida derrota a la que se ha resignado, un lamento con las resonancias de una rapsodia in blue.

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