martes, 6 de enero de 2015




                                                RCEL Y LIBERTAD
  
                        
                                    
                              Victoria de Samotracia (S. II a de C.)

            Aquí estoy secuestrada. Me arrancaron de mi mundo para instalarme en este país extraño (y ahora dicen que lo que se robó no se puede devolver). Me colocaron sola, sobre esta escalera de El Louvre desde donde parezco retomar el vuelo, pero sólo es un espejismo; me cortaron los brazos y la cabeza por si ese vuelo me mostrara el camino de vuelta  en el tiempo y la distancia; así, mi cuerpo flota permanentemente en el vacío como un  mascarón de proa que busca a tientas inútilmente la ruta de vuelta a Ítaca.
            Todo es una paradoja. Yo, que fui el símbolo de la victoria de los griegos frente a los bárbaros sirios hace más de dos mil años, me encuentro ahora encarcelada en esta prisión histórica de recuerdos del pasado. Y lo que más me duele (tanto como el mismo encierro) es que, después de tanto tiempo, Marinetti se descolgara diciendo que un automóvil de carreras tiene más belleza que yo.
            ¿Imagináis mi levedad con los brazos (que no tengo) extendidos contra el viento que modula los pliegues de mi túnica? Ni Fidias llegó tan lejos. Me mantendrán en cautiverio, incluso me podrán cortar las alas; pero lo que nunca lograrán quitarme es este sublime movimiento hacia la libertad.

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