jueves, 15 de enero de 2015




              

                               GRÜNEWALD Y SAN JUAN BAUTISTA



                           
                           Grünewald, Crucifixión  (1515)

            Esta Crucifixión es un cuadro barroco avant la lettre. Sólo le falta la luz porque el pintor quiso ser fiel al relato del Evangelio en el que se cuenta que el cielo se oscureció en el momento de la muerte de Cristo. Por lo demás, esa cruz de maderos improvisados, ese cuerpo descoyuntado y esa cabeza caída representan la expresión de la muerte exhalada por los dedos crispados que actúan como pararrayos del trueno que se produjo en ese instante.
            Grünewald se olvida de los desmayos de María en brazos de San Juan Evangelista y de las súplicas al cielo de María Magdalena para centrarse en mí, un personaje anacrónico que no debería estar en el cuadro y al que hace protagonista del mismo: San Juan Bautista. Yo fui quien bautizó a Jesús y ahora Grünewald me resucita para certificar su futura grandeza  y su muerte anunciada en La Biblia, a la vez que me presenta como iniciador de una nueva religión que tiene al bautismo como origen.
            El cuadro lo encargó un hospital dedicado a cuidar enfermos de peste y Grünewald  les respondió con la viva imagen de la muerte. Mi brazo parece indicar que el principio y el fin están contenidos en esa imagen de banderillero desganado.

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