jueves, 3 de septiembre de 2015




                               MENSAJE EN LA BOTELLA


            Llegué al aeropuerto con la lengua fuera por miedo a perder el avión, con el tiempo justo para hacer un pasillo de cintas divisorias que me obligaba a recorrer 150 metros lo que hubiera podido hacer en sólo 7. Cuando entré en el escáner me acordé de que no podía pasar la botella de agua; me apremiaron para que me diese prisa y al sacar la botella me dejé media etiqueta rasgada en la mochila.
            Nada más pasar el control policial los altavoces me advierten de que tengo el deber de estar atento a las pantallas porque no se informa por megafonía. Compruebo que mi vuelo se ha retrasado 2 horas (se ve que el deber sólo era mío). Bueno, al menos podré beber agua tranquilamente; tengo que comprar otra botella: 4,80 euros (no hay competencia). Me siento tranquilamente, pero cuando voy a abrirla me doy cuenta de que le falta una parte de la etiqueta. Sólo faltaba que…. Busco en la mochila el trozo que se rasgó en el control del escáner; premio: coinciden como las dos partes del plano de localización de un tesoro.
            Vuelvo al control del escáner (al menos las dos horas de espera me han servido para algo); les digo lo que me pasó con la botella de agua. Tras una discusión estúpida me dicen que pude haber roto yo la etiqueta ahora y que por eso coinciden; no hay forma de demostrar lo contrario. Regreso a la zona de embarque.
            Poco tiempo después empiezan a llamarnos: primero los discapacitados, a continuación bisnes, familias con niños, los de tarjeta plus, los que tienen prioridad, clase A, clase B, clase C, grupo 1, 2, 3 …… No importa, lo que querían era mantenernos de pie para que no esperase el avión que nos iba a recoger cuando llegara (tarde). A un señor que iba en silla de ruedas le permitieron seguir sentado.
            El viaje corto se me hizo largo; no pude leer porque la luz de lectura no funcionaba. La azafata me dijo que debía de estar averiada, pero que podía echar una reclamación en los mostradores de la compañía. Llegamos con más de las dos horas del retraso inicial y el autocar que debía llevarme a mi destino se había ido porque había acabado su horario (al menos las luces del aeropuerto estaban encendidas para el aterrizaje). Cogí un taxi (60 euros más) y di gracias a Dios por poder haber enlazado a la ida con el vuelo internacional.


P.D. Ni la compañía aérea era de bajo coste ni el aeropuerto de lejanas tierras.

P.D. 2

   Hoy, 26/3/2018, Aena ha fijado en 1 Euro el precio de la botella de agua en los aeropuertos españoles. Creo que han leído mi entrada de 3/9/2016.

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