lunes, 5 de octubre de 2015




                                              EL TREN DE TURNER

                   
                   W. Turner  Lluvia, vapor y velocidad  (1844)
  
            Aunque parezca que vengo del pasado como si saliera de un túnel del tiempo, no le hagáis caso a Turner; no tengo pasado, lo que tengo en realidad (y él lo sabe) es un prometedor futuro, tan arrollador como la velocidad a la que viajo y tan luminoso como la deslumbrante luz que me acompaña.
            Atrás dejo los barcos estancados y los puentes que me unen al pasado; atrás dejo el vapor y la lluvia a esta velocidad de vértigo (unos 30 km/h) que, según algunos periódicos de la época, no podrá soportar la naturaleza humana; y sólo estamos en 1844: nunca le faltan aguafiestas al futuro.

            Viaja conmigo el desarrollo imprevisible empujado por la luz; viajo dispuesto a salirme por la diagonal del cuadro llevándome conmigo el color y la esperanza, viajo  tan obstinado como mi autor con esta apuesta, empeñado en profetizar que no voy a detenerme ante nada. Él se enfrentó a los apocalípticos del Arte y yo me enfrento a los agoreros del tiempo.

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